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Archivo de la categoría: Sugel Michelén

Predicar con autoridad – Sugel Michelén

El tercer elemento que encontramos en la definición que dimos hace unos días de predicación es que se trata de un mensaje que debe ser transmitido con autoridad, convicción, denuedo, pasión, urgencia, y compasión.

Aunque no todos los predicadores predican del mismo modo, porque no todos tienen la misma personalidad, hay varios elementos de la predicación que van más allá de la personalidad de cada individuo, elementos que son esenciales para que podamos calificar con toda justicia un discurso oral como predicación.

La personalidad del predicador incidirá en la manera como estas cosas se manifiesten mientras predica, pero cuando hablamos de predicación bíblica estos elementos deben estar ahí. Y el primero de todos es la autoridad.

Comp. Mt. 7:28-29. Estas palabras recogen la reacción del auditorio que escuchó al Señor Jesucristo predicar el Sermón del Monte. Nos dice el evangelista que la gente se admiraba de su doctrina. Literalmente estaban maravillados, sorprendidos, boquiabiertos.

Y ¿qué fue lo que causó tal impresión en ellos? El hecho de que el Señor enseñaba con autoridad y no como los escribas. Él tenía una autoridad que aquellos maestros de la ley no tenían.

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Publicado por en noviembre 12, 2013 en La predicación, Sugel Michelén

 

Predicar con convicción y denuedo – Sugel Michelén

El predicador debe hablar con convicción y denuedo

Los predicadores no solo deben predicar con autoridad, como vimos en la entrada anterior, sino también con convicción. Y estos dos elementos se encuentran íntimamente asociados el uno con el otro. Es imposible predicar con autoridad cuando no se tiene convicción, y esa convicción emana a su vez de la seguridad de que lo que estamos proclamando y defendiendo es verdadero.

Si tenemos la plena certeza de que la Biblia es la Palabra de Dios, y al mismo tiempo tenemos la certeza de que lo que vamos a predicar es el mensaje de la Biblia, entonces predicaremos con convicción.

La convicción emana de la fe. ¿Creemos que todo lo que la Biblia dice es verdad? ¿Estamos seguros de que eso que vamos a predicar es lo que la Biblia dice?

Hasta tanto no respondamos estas dos preguntas satisfactoriamente no estamos preparados para predicar con convicción. Y si nosotros no estamos convencidos, ¿cómo vamos a convencer a los que escuchan?

Por eso es que nadie debe predicar de un pasaje que no entiende del todo. Si no estás seguro de que has podido desentrañar el verdadero significado del texto, es mejor que prediques de lo que sí entiendes y conoces. “Creí, por lo cual hablé”, dice Pablo en 2Cor. 4:13. La convicción emana de la fe.

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Publicado por en noviembre 12, 2013 en La predicación, Sugel Michelén

 

Predicar con pasión – Sugel Michelén

¿Cómo debe predicar el siervo de Dios?

Desde hace algunos días he estado posteando una serie de entradas sobre la predicación. Hemos visto que el predicador debe hablar con autoridad, convicción y denuedo, pero debe hacerlo también con pasión. O si quieren ponerlo de otro modo, involucrando sus afectos.

El predicador debe alcanzar al intelecto de sus oyentes de modo que entiendan la verdad que está siendo expuesta, y para que eso sea posible el mensaje debe ser presentado en una forma lógica y ordenada, con ideas coherentes y comprensibles (la epístola a los Romanos es eminentemente lógica).

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Publicado por en noviembre 12, 2013 en La predicación, Sugel Michelén

 

El poder del Espíritu Santo en la predicación – Sugel Michelén

La predicación y el poder del Espíritu Santo

Debo decir de entrada que este es uno de los elementos más misteriosos de la predicación. No siempre percibimos al predicar el mismo grado de asistencia por parte del Espíritu de Dios.En ocasiones experimentamos una libertad inusual mientras predicamos: las ideas brotan de nuestras mentes a borbotones, estamos realmente atrapados por el mensaje que proclamamos, y sobre todo nos inunda un deseo genuino y ferviente de que Dios sea glorificado, que nuestro Señor Jesucristo sea exaltado, y las almas de nuestros hermanos edificadas.

Algunos le llaman a esto unción, otros la presencia especial del Espíritu de Dios, libertad en el Espíritu. Pero llámele como le llame, el punto es que todo predicador quisiera tenerlo cada vez que predica; pero no siempre es así, o al menos, no siempre tenemos la misma conciencia de esa capacitación divina.

¡Y cuánto necesitamos de esa gracia si queremos predicar eficazmente! Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para ministrar eficazmente la Palabra de Dios.

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Publicado por en noviembre 12, 2013 en La predicación, Sugel Michelén

 

Predicar expositivamente – Sugel Michelén

El contenido de este artículo de Mark Dever es de suprema importancia, sobre todo en una época como esta en la que muchas iglesias han sustituido la predicación por el entretenimiento. Lo recomiendo de todo corazón a los lectores de este blog.

El lugar para comenzar es donde Dios comienza con nosotros, y es Él hablándonos a nosotros. Esta es la manera como nuestra propia salud espiritual se ha dado, y así también es como pueden llegar a tener salud nuestras iglesias.

Para cualquier líder de la iglesia es especialmente importante, y más aún para su pastor, el compromiso de la predicación expositiva, la cual es uno de los métodos más antiguos. Esta predicación cuyo objetivo es la exposición de lo que dice particularmente un pasaje de las Escrituras, siendo explicado cuidadosamente en su significado y aplicándolo a la congregación Neh. 8:8). Por supuesto existen otros tipos de predicación. Sermones Temáticos, por ejemplo, reuniendo todas aquellas enseñanzas de las Escrituras en un solo tema, tales como la oración o el ofrendar. La predicación biográfica utiliza la vida de algún personaje de la Biblia y la presenta como un ejemplo de la gracia de Dios y asimismo de esperanza y fidelidad. Pero la predicación expositiva es algo más: es una explicación y aplicación de una porción en particular de la Palabra de Dios.
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Publicado por en noviembre 12, 2013 en La predicación, Sugel Michelén

 

Características de un buen sermón – Sugel Michelén

Supongo que muchos estarán de acuerdo conmigo en que la buena predicación no es precisamente lo que distingue el evangelicalismo moderno. Domingo tras domingo miles de personas acuden a las iglesias a participar del culto de adoración, donde la predicación de las Escrituras debe ocupar el lugar central; pero lamentablemente muchos regresan a sus casas sin haber sido debidamente alimentados. En muchos casos, porque la predicación ha dejado de ocupar el lugar central del culto; en muchos otros, porque la predicación en sí ha sido deficiente.Es ese último aspecto el que quiero tocar en esta entrada: ¿Cuáles son las características que hacen que un sermón sea un sermón, y más aun, un buen sermón?En primer lugar, su contenido es el mensaje de la Palabra de Dios.

Un sermón, por encima de todas las cosas, es una exposición fiel del mensaje contenido en el texto o pasaje de las Escrituras que está siendo expuesto. Recuerden, amados hermanos, cuál es nuestra identidad. Nosotros somos embajadores y heraldos del Dios de los cielos, y la función del heraldo no es otra que la de transmitir con fidelidad la mente de su Rey.

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Publicado por en noviembre 12, 2013 en La predicación, Sugel Michelén

 

Predicar con fidelidad a la Escritura – Sugel Michelén

La predicación es la comunicación de un mensaje extraído de las sagradas escrituras a través de una exégesis cuidadosa.

Por encima de todas las cosas, predicar es exponer fielmente un mensaje que ha sido extraído de las Escrituras. Eso es evidente por la naturaleza misma del ministerio al que Dios nos ha llamado.

Los ministros son heraldos de Dios, y la función de un heraldo no es alcanzar notoriedad o popularidad. Tampoco ha sido llamado a ser original o a dar su opinión personal con respecto a un asunto.

Su rey ha puesto un mensaje en su boca, y él debe proclamarlo tal como le fue confiado, independientemente de la reacción que ese mensaje pueda provocar en los que escuchan.

Es por eso que en el mundo antiguo al heraldo se le requerían dos cosas: la primera era tener buena voz; la segunda era un carácter confiable. Su gobernante debía tener la certeza de que transmitiría fielmente el mensaje que se le había confiado.

Comp. 1Cor. 4:1-2. Lo que se requiere de los administradores no es que sean hallados populares u originales, sino fieles. Desviarse del mensaje que se les había confiado era tomado como una infidelidad (2Tim. 3:14 – 4:2; comp. 2Tim. 1:13 y 2:15).

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Publicado por en noviembre 12, 2013 en La predicación, Sugel Michelén

 
 
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