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Archivos diarios: enero 22, 2013

La Disciplina de la Iglesia: la marca ausente – Albert Molher

Tomado de: http://cebei.wordpress.com/

“Lo que es puro se corrompe mucho más rápidamente de lo que se purifica lo que está corrupto” – Juan Casiano (360 -435)

La negación de la disciplina en la iglesia es tal vez la falla más visible de la iglesia contemporánea. Al no tener interés en conservar la pureza doctrinal y en el estilo de vida, la iglesia contemporánea se ve a sí misma como una asociación voluntaria de miembros autónomos, que deben una mínima obligación moral hacia Dios, y mucho menos unos para con los otros.

La ausencia de la disciplina en la iglesia ya no es un asunto que se considere importante, aún más, generalmente ni se menciona. La disciplina regulativa y restauradora de la iglesia es, para muchos miembros de las iglesias, un asunto olvidado, por no decir desconocido. La presente generación tanto de ministros como de miembros de la iglesia virtualmente no tiene ninguna experiencia en cuanto a la práctica de la disciplina.

De hecho, la mayoría de Cristianos al ser confrontados con la enseñanza bíblica de la disciplina de la iglesia confiesan que este es un asunto del cual nunca antes habían escuchado. Cuando lo escuchan por primera vez, lo encuentran tan anticuado y tan extraño, casi como la Inquisición Española o los juicios de brujas en Salem. La única idea que tienen del ministerio disciplinario de la iglesia viene de la invención literaria (novela) conocida como “La Letra Escarlata”.

[“La Letra Escarlata” es una novela que luego Holywood llevó a la pantalla sobre una mujer casada que en una Colonia de Puritanos, resulta embarazada en ausencia de su esposo. La mujer es obligada a bordar en todos sus vestidos una letra A roja que la identifica como adúltera. Al final de la novela se descubre que el padre de la criatura era el ministro]

Y aún así, sin la recuperación de una disciplina funcional para la iglesia – establecida sobre los principios revelados en la Biblia – la iglesia continuará su constante deslizamiento a la disolución moral y hacia el relativismo. Los “evangélicos” antiguos reconocían la disciplina como la “tercera marca” de una iglesia auténtica. [2]. La disciplina auténtica y bíblica no es una cuestión opcional, sino una marca necesaria e integral para el Cristianismo auténtico.

¿Cómo ocurrió esto? ¿Cómo pudieron las iglesias abandonar de forma tan generalizada una de sus responsabilidades y funciones más esenciales? La respuesta se encuentra en el desarrollo tanto interno como externo de las iglesias.

Para ponerlo de forma simple, el abandono de la disciplina en las iglesias está ligado directamente con el acomodo del Cristianismo a la Cultura Americana. Conforme avanzó el siglo 20, este incremento en el acomodamiento fue evidente al rendirse la iglesia ante una cultura de individualismo moral.

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